El Instituto de Física alquila el segundo ordenador más potente de España a proyectos privados de innovación.
La vocación social del nuevo Supercomputador Altamira, que la Universidad de Cantabria inauguró de forma oficial el pasado mes de octubre, se explica con la idea original que tenían sus responsables: ubicarlo en el Parque Científico y Tecnológico (Pctcan) para que sirviera a las empresas del complejo, y desde allí, a cuantas llegaran con proyectos innovadores. La idea se frustró porque, aunque sus costes no eran desproporcionados respecto al beneficio que podían derivar, la Universidad bastante tiene ahora con capear los recortes en su financiación y poder pagar los sueldos.
Lo cual no quita para que el Supercomputador persista en su objetivo, según destaca el profesor Jesús Marco de Lucas, investigador del Instituto de Física de Cantabria (IFCA) y uno de los dos padres del artefacto junto al profesor Ramón Beivide y a Luis Cabellos, que se encarga de su funcionamiento diario. Altamira es el segundo instrumento de este tipo más potente de España (el 36 en el ránking mundial), con un umbral de 74 billones de operaciones por segundo. Además de ese procesamiento masivo de datos, añade una capacidad de almacenamiento insólita, y solo dedica un 20% de todo ese potencial a la Red Española de Supercomputación, cuyo nodo central se encuentra en Barcelona. El 80% restante está disponible para uso externo.
«Vimos que el proyecto original ofreciendo servicios a empresas», explica Marco de Lucas, y por ello encargaron a la empresa CIC Consulting que buscase posibles clientes privados. El IFCA quiere alquilar la instalación a precios asequibles para facilitar proyectos innovadores, pues su sofisticación le permite simular desde la construcción completa de un avión o un buque, hasta la elaboración de fármacos. Conlleva menos costes de los que obligaría en una empresa privada: «Todavía no están del todo marcados los precios, pero alquilar 20.000 horas podría costar unos mil euros». Según sea el calibre de la inversión que prevé el cliente, esa factura puede resultar un ahorro, por la rapidez con la que Altamira realiza operaciones que a otros ordenadores de gran capacidad les llevarían semanas o meses, o que directamente no podrían afrontar.
Entornos sociales
«Pero el objetivo no es vender CPU, sino innovación», insiste Marco de Lucas. Es decir, no tanto cálculo o almacenamiento como tecnología para mejorar negocios privados y hacerlos competitivos. con la máquina anterior que utilizaba el Instituto desde 2007, menos versátil, solo se produjeron dos colaboraciones de ese cariz, entre ellas un diseño de barcos.
Como prueba añadida de la nueva capacidad del Supercomputador sirve el proyecto ‘Future ICT’, coordinado a través de la Unión Europea y de una ambición sorprendente. Pretende realizar simulaciones de cualquier tipo de interacciones sociales, lo que denomina ‘Planetary Nervous System’ (‘Sistema planetario nervioso’), que sirvan para anticipar fenómenos y elaborar políticas eficaces.
«Por ejemplo, simular una inundación. Cómo evacuar a la población del área afectada, acoplando los datos a la meteorología y a través de las posiciones de los móviles para determinar dónde está cada persona». Suena a ciencia ficción, reproducida desde la avenida de Los Castros.
El Supercomputador tiene una vida útil de cuatro o cinco años, aunque sus responsables le estiman una duración superior, ya que sus componentes pertenecen a la última generación fabricada por la IBM. Las siguientes probablemente den paso a aparatos especializados en diferentes ámbitos, mientras que Altamira seguirá siendo capaz de trabajar en todo tipo de entornos y «con todo tipo de aplicaciones», como aprecia Luis Cabellos.
Fuente: El Diario Montañés