Durante un mes, eliminé las redes sociales de mi smartphone y limité el tiempo que pasaba en línea. Aquí les cuento las lecciones aprendidas durante ese tiempo de desconexión.
En octubre decidí que mi concentración y mi estrés estaban alcanzando niveles graves y antagónicos. Una de las cosas que había notado era mi compulsividad en revisar el correo electrónico y los feeds de las diferentes redes sociales, sin importar dónde me encontrara, en la cola de un banco o en una cena con mi pareja.
Decidí hacer un experimento: un mes de dieta digital, para probar si el exceso de conectividad podía estar afectando mi capacidad de concentrarme, de lograr terminar cosas importantes, y de encontrar un poco de paz mental.
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