La penetración de los teléfonos inteligentes en entornos domésticos y corporativos conlleva un aumento de los ataques por parte de los delincuentes informáticos.
Los smartphones, o teléfonos inteligentes de última generación, han permitido a los usuarios acceder a Internet, además de realizar tareas que hasta hace poco tiempo solo eran posibles con un ordenador personal. Es decir, son ya más ordenadores que teléfonos. Esta sofisticación de los móviles conlleva necesariamente el desarrollo de sistemas operativos capaces de ejecutar aplicaciones complejas. El problema es que cuanto mayor es la complejidad, más vulnerable se vuelve un sistema y, por tanto, los nuevos sistemas operativos implican un aumento de los riesgos de seguridad y privacidad.
En entornos corporativos, los smartphones son uno de los dispositivos principales para comunicarse entre miembros de una misma empresa, así como con proveedores y clientes. Por tanto, estos aparatos almacenan numerosa información confidencial de sus usuarios: desde cuentas de correo e información sensible de las empresas hasta datos bancarios. Además, el uso de plataformas on line y servicios en la nube, la base de las comunicaciones por móvil, propicia una acumulación de datos muy tentadora para los delincuentes.
Fuente y más info: consumer.es